miércoles, 7 de marzo de 2012

Premio Concurso Relato Navideño




Os dejo el relato de vuestro compañero Pedro José Fernández Palenzuela,ganador del Concurso de Relato Navideño.Disfrutadlo.


UN CRIMEN EN NAVIDAD

Las luces de Navidad ya estaban encendidas en las calles de Sevilla y el inspector francés Pierre Josephe se deleitó con sus mágicas formas y colores de camino al despacho de su viejo amigo Paco Gómez.
Una entrada sucia, unas escaleras mugrientas, una pared descorchada y un suelo con 2 mm de polvo, desde luego Paco no trabajaba en el paraíso, pero era un buen amigo y un gran detective. Cada vez que le recuerda le viene una frase a la cabeza: “Las apariencias engañan”. Pero no se encontraba en España solo para hacer una visita a un viejo amigo, le envió una carta urgente pidiendo ayuda para un caso que no lograba descifrar.
Querido Pierre:
Hace mucho que perdimos el contacto, la cantidad de casos en España es sorprendente, al menos así estoy distraído y con trabajo a todas horas, ya sabes que un soltero tiene mucho tiempo libre incluso en Sevilla. Bueno, me estoy alejando de lo que te quería decir. El caso es que se están cometiendo una serie de asesinatos muy extraños, todos los que aparecen muertos llevan un traje de Papa Noel. ¡Sí! Van disfrazados de Santa Claus, los únicos datos que obtenemos son los cadáveres y las cuchilladas en pleno corazón con una especie de navaja, al no descubrir nada más te pido ayuda en este caso como amigo.
PD: Feliz Navidad



Delante de la puerta del despacho, tocó tres veces y un hombre bajito, barbudo y de mediana edad abrió:
-¡Pierre!-exclamó el hombre, pletórico de alegría-¡Cuánto tiempo tío! No te veía desde aquel caso del pirómano francés.
-Si,-dijo secamente Pierre-yo también me alegro de verte Paco.
-Bien vayamos al meollo del asunto-dijo Paco invitando a Pierre a sentarse en un mullido sofá en su despacho-. Todos los crímenes se cometen a medianoche y cada semana aparece un “Santa” muerto y todos apuñalados en el corazón con el mismo tipo de cuchillo clavado, tampoco hay huellas dactilares, aunque espero que tú encuentres algo más.
-Pues vayamos a la escena del crimen-masculló Pierre seriamente-.
Salieron ambos del despacho y vagaron por las calles con el frio en los huesos, debido a que sus finas gabardinas parecían que enfriaban en vez de calentar, e iluminados por las luces de escaparates y farolas llegaron a un parque con una cinta que impedía el paso. Un policía les impedía el paso, pero, tras mostrar identificarse cada uno, soltó momentáneamente la cinta y les dejo pasar.
-Aquí fue asesinado el último- dijo Paco con naturalidad-. Sígueme, esta junto a aquella fuente.
-Sí- respondió Pierre-.
Junto a la fuente; un cuerpo inerte disfrazado de Santa Claus descansaba con una especie de cuchillo en el corazón.
-Este es un buen ejemplo de las escenas que deja el criminal- señaló Paco con seriedad-, y todas son casi idénticas unas con otras.
-El cuchillo que está clavado en pleno corazón es un cuchillo exquisito de caza, se suele usar para degollar a las presas después de atraparlas, el asesino ha de ser cazador- informó Pierre-.
-Joder, que rápido- dijo Paco con sorpresa y alegría-, me vas a dejar mal entre los detectives, yo nunca me había fijado en que fuera de caza, además, el asesino ha de tener pasta, porque es un cuchillo precioso y siempre son iguales en todos los asesinatos. ¡Ya sé! Al criminal lo llamaremos Cuchillo Mucha Pasta.
-Si nadie ha tocado la escena- dijo Pierre sin hacer caso a lo último dicho por Paco- habrá algo, busca hasta lo que creas más insignificante.



Tras buscar durante más de una hora solo encontraron un cigarro en la papelera del parque.
-¿El parque se limpia asiduamente?- preguntó Pierre-
-Sí, cada atardecer- respondió Paco-
-Si es cada atardecer y el asesino actúa a medianoche el cigarrillo ha de ser suyo.
-¡Muy bien! ¡Ahora solo hay que buscar al asesino entre los miles de fumadores en Sevilla!
-No te preocupes, el cigarro es de papel de liar, preguntaremos por los estancos de los alrededores, que han de verificar la edad de sus compradores y deberían tener nombres.
Después de una larga búsqueda por todos los estancos de los alrededores y gracias a algún que otro soborno obtuvieron nombres: Don y Doña Ruiz Castillo, María Hanadeka y Luís Jubert.
-Paco- ordenó Pierre- busca en la base de datos de la policía dirección, antecedentes y nacionalidad.
Tras una visita a la policía y algún soborno descuidado, obtuvieron toda la información que querían: Don y Doña Ruiz Castillo: Calle olivos Nº 2, españoles y limpios. María Hanadeka: Calle caspio Nº 8, rusa y ex presidiaria. Luis Jubert: Calle amargura Nº 3, español y limpio.



-Bien- dijo Pierre-. Iremos primero a la calle olivos.
Tras llegar a la calle ya se dieron cuenta que era un barrio de gente adinerada (traducción: podridos de dinero), entraron en la casa Nº 2 y a través de un inmenso jardín llegaron a la enorme puerta de entrada y tocaron al timbre. Salió una mujer mayor y bajita, seguramente sería la sirvienta:
-Buscamos a los señores Ruiz- dijo Paco mientras mostraba su placa de detective-, estamos investigando un asesinato y necesitamos interrogarlos.
Los llevaron a un gran salón donde ya se encontraban los Ruiz.
-No se preocupen, será rápido- aseguró Pierre-, investigamos un asesinato y las únicas pruebas que hemos obtenido han sido un cigarrillo y un cuchillo, ¿practican ustedes la caza?
-No, lo sentimos- dijo Don Ruiz con voz firme-. Fumamos, pero no cazamos, la caza es de bárbaros. Y si ya hemos acabado, tengo negocios que atender.
-Por supuesto-dijo Pierre mientras se levantaba junto con Paco-.
Después de alejarse calle arriba Paco empezó a hablar:
-¿Tú qué crees?- empezó a decir Paco- ¿Dicen la verdad o nos mienten?
-Yo creo que dicen la verdad- respondió Pierre-, por varias razones. Primero, que intenciones iban a tener un pareja adinerada en empezar su historial delictivo. Segundo, el cigarrillo estaba en muy mal estado, como si lo hubiesen aprovechado hasta la última calada, y una pareja rica no tiene necesidad de ahorrar dinero en tabaco. Y tercero, a pesar de ser ricos no cazaban y la muestra era que no había ni una sola cabeza de animal colgada en ninguna pared, ¿qué rico que se precie iba a cazar sin mostrar sus proezas a los invitados?
-Verdaderamente brillante- dijo Paco gratamente sorprendido-.



Tras unas y otras charlas llegaron al hogar de su próximo objetivo: María Hanadeka. Su vivienda no era muy impresionante, era el típico piso que te puedes encontrar en mitad de una ciudad. Tocaron a la puerta y una mujer, de unos 35 años, abrió la puerta:
-¿Desean algo?- dijo la mujer con un notado acento ruso-
-¿Hanadeka?- dijo Paco
-Si. ¿Desean algo?
-Estamos investigando un asesinato- dijo Pierre con seriedad- y nos gustaría entrar.
-Pues claro- respondió Hanadeka con sorpresa-. Adelante
Después de sentarse en un mullido sofá empezó a decir Pierre:
-No tardaremos mucho. Hemos llegado a usted sabiendo que fuma, pero, ¿usted caza?
-Lo siento, pero no fumo, le compro tabaco a un amigo. Y sobre la caza, me encanta, aunque es difícil ejercerla por aquí.
-¿Y, a quien le compra tabaco?
-Lo siento, pero eso es personal, solo le diré que a un amigo.
Y mientras se levantaban para mayarse, Pierre ya maquinaba algunas suposiciones. Ya solo les quedaba uno, Luis Jubert. Luis viví en una casa que, a primera vista, parecía destartalada, pero que, tras invitarlos a entrar vio que estaba sorprendentemente ordenada.
-No le vamos a molestar mucho señor Luis- dijo Paco-. ¿Practica la caza o compra tabaco?
-Fumo, pero no cazo- respondió Luis de forma impasible-
-¿No caza?- preguntó Pierre con un deje de ironía en la voz- Pues usted tiene una bonita cabeza de alce en la pared. ¿Me lo explica?
-Pues claro- masculló Luis-. Es un regalo de un amigo.
-De acuerdo- sentenció Pierre-, discúlpeme y hasta luego.
Tras salir dieron un paseo por la ciudad para aclarar las ideas:
-Tengo un plan- susurró Pierre- pero necesito que invites a todos los sospechosos a una cena con la excusa de que se nos olvidó preguntarles algo… y necesito un disfraz.



Casi a medianoche los señores Ruiz, María Hanadeka y Luís Jubert fueron al restaurante acordado, esperando a un invitado que no llegaría nunca, en la acera de enfrente un Santa Claus los vigilaba con cautela.


Tras dos horas de esperar los comensales se iban a marchar cuando un tipo disfrazado de Santa Claus entró, pidió un vaso de agua, y se marchó, después de esta intromisión los comensales se fueron. Pero el Santa Claus se alejó en la penumbra del restaurante, se sentía observado y aceleró el paso, pero era inútil, se había metido en un parque sin salida y desde la penumbra una sombra se materializó, armado con un precioso cuchillo en la mano, cuando esta se dispuso a atacar otra sombra salió de los arbustos y se abalanzó sobre él, inmovilizándolo.
-Te tenemos asesino- dijo Paco mientras forcejeaba con el criminal-.
-Sabia que eras tú- anunció Pierre-, Luis Jubert, pero sé que no estás solo, ¡sal de tu escondite María!
De unos cubos de basura salió María con las manos en alto:
-Buen trabajo detective- afirmó María resignándose-, pero mi duda es, ¿cómo?
-Sencillo- empezó a decir Pierre- usted no fuma pero le gustaba la caza y le compraba tabaco a un “amigo” y Luís poseía una hermosa cabeza de alce y una caja de tabaco sobre la mesa, a pesar de que el dependiente del estanco dijo que hacía mucho tiempo que no veía a Luís. Y ahora yo pregunto. ¿Por qué?
-Muy sencillo- dijo María. Este botarate se enamoró de mí, y como me aburría con mi rutinaria vida quería un poco de acción, un tipo de acción que no sentía desde mi época delictiva, y junto con él, diseñé un plan para cometer unos asesinatos sin dejar ninguna pista.
-Pues- dijo Paco-, no te salieron tan bien. Pero… ¿Por qué solo a Santa Claus?
-Estamos en Navidad- masculló Luís con esfuerzo-. Un poco de espíritu navideño.
-Bien- anunció Pierre-, pues quedáis los dos detenidos y seréis enviados directos a la cárcel, buen viaje.
Tras llevar a los dos criminales a la comisaría local ambos colegas se fueron de bares lo que quedó de noche:
-Supongo que volverás a Francia- dijo Paco-.
-Puede que me quede un tiempo- afirmó Pierre-, pero no creo que dure mucho.
-¡Pues aprovechemos para disfrutar, otra copa!
Y ambos amigos se alejaron en la penumbra cantando.




Si queréis comentar algo,tenéis los comentarios,saludos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Oración compuesta coordinada





Hola os dejo unas presentaciónes para ver si os queda más claro el tema de las coordinadas,a continuación unos ejercicios que todos debéis hacer por vuestro bien:

Ejercicios coordinadas 1

Ejercicios coordinadas 2

Cualquier duda la podéis dejar en los comentarios.Saludos.

lunes, 6 de febrero de 2012

Texto argumentativo


El texto argumentativo tiene como objetivo expresar opiniones o rebatirlas con el fin de persuadir a un receptor. La finalidad del autor puede ser probar o demostrar una idea (o tesis), refutar la contraria o bien persuadir o disuadir al receptor sobre determinados comportamientos, hechos o ideas.

El texto argumentativo suele organizar el contenido en tres apartados: introducción, desarrollo o cuerpo argumentativo, y conclusión.

La INTRODUCCIÓN suele partir de una breve exposición (llamada “introducción o encuadre”) en la que el argumentador intenta captar la atención del destinatario y despertar en él una actitud favorable. A la introducción le sigue la tesis, que es la idea en torno a la cual se reflexiona. Puede estar constituida por una sola idea o por un conjunto de ellas.

El DESARROLLO. Los elementos que forman el cuerpo argumentativo se denominan pruebas, inferencias o argumentos y sirven para apoyar la tesis o refutarla.

Según la situación comunicativa, se distingue entre :

-ESTRUCTURA MONOLOGADA: La voz de un solo sujeto organiza la totalidad del texto argumentativo. Es el caso del investigador que valora el éxito de un descubrimiento en una conferencia.
-ESTRUCTURA DIALOGADA: El planteamiento, la refutación o la justificación y la conclusión se desarrollan a lo largo de réplicas sucesivas. Es el caso de los debates en los que es fácil que surjan la controversia, la emisión de juicios pasionales, las descalificaciones y las ironías.

La CONCLUSIÓN. Es la parte final y contiene un resumen de lo expuesto (la tesis y los principales argumentos).


Los argumentos.


Su finalidad es apoyar o refutar una tesis determinada. Según su capacidad persuasiva los argumentos son más o menos pertinentes dependiendo de si están relacionados o no con la tesis y la refuezan. También podemos hablar de la validez de los mismos dependiendo si conducen a la conclusión deseada. En caso contrario, son argumentos falaces.

La fuerza argumentativa de los argumentos depende de la facilidad con que se rebaten. Se distinguen argumentos débiles y argumentos sólidos. Si no puede ser rebatido es un argumento irrefutable.

Según su función se puede hablar de Argumentos de apoyo a la tesis propia.;Concesiones o ideas de la tesis contraria que se admiten provisionalmente;Refutaciones o argumentos con los que se rebate total o parcialmente la tesis contraria y Contraargumentos que invalidan los argumentos contrarios a la tesis o las concesiones que el propio autor ha admitido previamente.

La mayoría de los argumento se apoyan en valores, creencias o premisas que se suponen aceptados por el receptor. Se pueden permiten clasificar los argumentos según su contenido en:

A) TÓPICOS

- Argumento de la mayoría: lo mayor es preferible a lo menor.Ejemplo:La película ha tenido más de dos millones de espectadores, así esque debe ser muy buena.

- Argumento de utilidad: se basa en el tópico de que lo útil: Lo útil es preferible a lo que no lo es.Ejemplo: Preocuparse por el calentamiento de la Tierra, nos ayudará a todos.

-Argumento ético: Se basa en el tópico de lo que se considera moral.Ejemplo: Señores ministros y responsables de Europa, es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos por el socorro de África.

-Argumento hedonista: se basa en el tópico del placer "Lo que provoca placer, o la felicidad. Ejemplo:Playa Palmeras: el paraíso en la Tierra.

B)ARGUMENTOS RACIONALES

-Argumento de autoridad o cita de autor de prestigio en el tema. Ejemplo: La OMS dice que hay más de dos millones de personas pobres en Sudáfrica.

-Partir de máximas o refranes.Ejemplo: Lo bueno si breve, dos veces bueno.

-Argumentación causa- efecto: relación de causa- efecto: Para colaborar en esa ONG es necesario saber japonés. Tú no sabes japonés, por lo tanto no puedes colaborar en la ONG.

-Argumentación por el ejemplo:Se citan situaciones que nos sirvan para demostrar la validez de nuestro argumento. Ejemplo: Tanto en el atentado del 11 M como en el de las Torres gemelas los que sufrieron fueron los inocentes.

C)ARGUMENTOS OBJETIVOS

-Datos y estadísticas: dan al argumento un carácter comprobable, de verificación: Según una encuesta....

-Verdades evidentes: Fumar es malo, porque nadie niega que perjudica gravemente la salud.

D)ARGUMENTOS EMOCIONALES

Hacer referencia al crédito que merece el propio emisor. Se basa en la propia experiencia. Por ejemplo:Yo puedo afirmar que la discriminación que padecen las mujeres afganas es angustiosa.
Algunos argumentos son considerados ilegítimos o falacias porque sus razonamientos no son válidos, son manipulaciones del emisor.

FALACIAS

-Falsa generalización: se generaliza algo que es válido en algún caso pero no siempre.EjemploTodos los políticos buscan únicamente su provecho (opinión personal del emisor no válida).

- Selección deliberada de datos: el emisor intenta presentar una selección de datos donde oculta lo que no le interesa. (Publicidad engañosa)

- Autoridad no valida: Según dice mi tía...No es alguien con prestigio.



Ejemplos de argumentos.
1. La pertenencia a un grupo social es motivo suficiente de discriminación. Ese es el sentir que se basa en el miedo debido al bombardeo continuo de los medios de comunicación que hablan de la inseguridad ciudadana. Y este hecho es el que hace la mayoría de la gente rechace a los inmigrantes.
2. Los hijos buscan salir hasta las tantas, beber sin moderación. Ese tipo de actos les hace feliz, se trata del placer de sentirse libres sin que nadie los controle.
3. Lo ético sería que ayudásemos a los inmigrantes a integrarse. ¿Desde cuando una persona es ilegal. Lo ilegal es la situación actual: la pobreza, la discriminación, etc. Eso es lo que hay que corregir. Por eso en nuestra ONG estamos por las personas.
4. Las leyes son inútiles desde el momento que existe un vacío legal que hace que los sinvergüenzas actúen impunemente: como es el caso de Farruquito. Lo útil sería revisar las leyes, pero parece ser que eso no interesa a la sociedad.
5. El efecto invernadero está provocado por el calentamiento de la tierra. Esto es debido a que estamos continuamente desaprovechando los recursos naturales, pero también al modo en que los utilizamos.
6. Como dice el refrán "Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe" Eso es lo que le ha ocurrido al gobierno que tanto h anunciado mejoras económicas, que ahora que las expectativas no se han cumplido, les están acribillando desde todos los sectores sociales.
7) Con la discriminación sexual ocurre lo mismo que con la discriminación racial: en ambos casos estamos atacando a la persona.
8) En el caso de la violencia escolar, quienes la sufren son los chavales en las aulas: Pongamos un ejemplo, ocurrido en Valencia, donde un alumno del instituto puso una denuncia por continuas agresiones.
9. Según los últimos datos extraídos de una organización tan importante como El Instituto de la mujer, la mayoría de las mujeres que sufren agresiones no lo denuncia, hecho que pone en evidencia el terror que sienten.
10. Todo el mundo está de acuerdo con que hay que proteger a los menores, sin embargo....qué hacer en los casos de violencia escolar. Hay existe todo un vacío legal, que impide actuar en muchos casos.
11. Todo el mundo debería tener ese reloj, es un estigma, una marca de estilo inconfundible.
12. Los atentados del 11 dejaron una oleada de protestas mundiales, algo similar ocurre con el atentado del metro de Madrid, y por supuesto, con la mayoría de los atentados de este calibre.

domingo, 5 de febrero de 2012

Repaso sintaxis


Aquí os dejo algunos enlaces para repasar las oraciones simples.Son sencillos y vienen bien para adentrarnos en la sintaxis compuesta.
Aquí se hace un repaso a al concepto de sintagma o grupo nominal,adjetival y adverbial,al final se centra en los complementos del verbo.Una aclaración donde dice actualizador es nuestro determinante,donde dice modificador es nuestro adyacente.A continuación seguimos con sujeto y predicado

También os dejo una selección de cada una de las funciones del verbo: objeto directo , objeto indirecto , atributo , complemento predicativo , complementos circunstanciales , complemento agente , complemento de régimen

Intentad hacedlos, si en alguno tenéis dudas me las podéis dejar en los comentarios.

Fuerza y honor.

El Renacimiento.La poesía mística.

En el llamado segundo Renacimiento,se desarrolló en España dentro de la poesía religiosa una corriente denominada poesía mística,en estos poemas se intenta contar la unión entre el alma del poeta y Dios. El principal representante de esta tendencia es San Juan de la Cruz.Aquí os dejo dos de sus mejores poemas:

NOCHE OSCURA

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Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de
la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la
negación espiritual.


1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


LLAMA DE AMOR VIVA

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Canciones del alma en la íntima comunicación,
de unión de amor de Dios.


1. ¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

2. ¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando. muerte en vida la has trocado.

3. ¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

4. ¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

lunes, 30 de enero de 2012

Sonetos Garcilaso de la Vega


Hola alumnos,aquí os dejo una selección de los sonetos de Garcilaso,no hace falta que os explique lo que es un soneto....


SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.


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Aquí podéis escuchar y leer una selección de poemas recitados por Manuel López Castilleja:

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SONETO I


Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;
mas cuando del camino estoy olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido:
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.
Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si quisiere, y aun sabrá querello:
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

SONETO IV

Un rato se levanta mi esperanza:
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, mal mi grado,
libre el lugar a la desconfianza.
¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado!
Esfuerza en la miseria de tu estado;
que tras fortuna suele haber bonanza.
Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos
romper un monte, que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.
Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
quitarme de ir a veros, como quiera,
desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.

SONETO V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

SONETO VII


No pierda más quien ha tanto perdido,
bástate, amor, lo que ha por mí pasado;
válgame agora jamás haber probado
a defenderme de lo que has querido.
Tu templo y sus paredes he vestido
de mis mojadas ropas y adornado,
como acontece a quien ha ya escapado
libre de la tormenta en que se vido.
Yo había jurado nunca más meterme,
a poder mío y mi consentimiento,
en otro tal peligro, como vano.
Mas del que viene no podré valerme;
y en esto no voy contra el juramento;
que ni es como los otros ni en mi mano.

SONETO X

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas!
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

SONETO XI

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;
agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,
que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

SONETO XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.
De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

SONETO XV

Si quejas y lamentos pueden tanto,
que enfrenaron el curso de los ríos,
y en los diversos montes y sombríos
los árboles movieron con su canto;
si convertieron a escuchar su llanto
los fieros tigres, y peñascos fríos;
si, en fin, con menos casos que los míos
bajaron a los reinos del espanto,
¿por qué no ablandará mi trabajosa
vida, en miseria y lágrimas pasada,
un corazón conmigo endurecido?
Con más piedad debría ser escuchada
la voz del que se llora por perdido
que la del que perdió y llora otra cosa.

SONETO XVIII

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
y por sol tengo sólo vuestra vista,
la cual a quien no inflama o no conquista
con su mirar, es de sentido fuera;
¿de do viene una cosa, que, si fuera
menos veces de mí probada y vista,
según parece que a razón resista,
a mi sentido mismo no creyera?
Y es que yo soy de lejos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto, que en vida me sostengo apenas;
mas si de cerca soy acometido
de vuestros ojos, luego siento helado
cuajárseme la sangre por las venas

SONETO XXIII

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

SONETO XXVII

Amor, amor, un hábito vestí
el cual de vuestro paño fue cortado;
al vestir ancho fue, más apretado
y estrecho cuando estuvo sobre mí.
Después acá de lo que consentí,
tal arrepentimiento me ha tomado,
que pruebo alguna vez, de congojado,
a romper esto en que yo me metí.
Mas ¿quién podrá de este hábito librarse,
teniendo tan contraria su natura,
que con él ha venido a conformarse?
Si alguna parte queda por ventura
de mi razón, por mí no osa mostrarse;
que en tal contradicción no está segura.

SONETO XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso,
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.
Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia muerte congojoso,
como pudo, esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló desta manera
mas nunca fue su voz de ellas oída:
«Ondas, pues no se excusa que yo muera,
dejadme allá llegar, y a la tornada
vuestro furor ejecutad en mi vida».

SONETO XXXII

Mi lengua va por do el dolor la guía;
ya yo con mi dolor sin guía camino;
entrambos hemos de ir, con puro tino;
cada uno a parar do no querría;
yo, porque voy sin otra compañía,
sino la que me hace el desatino,
ella, porque la lleve aquel que vino
a hacerla decir más que querría.
Y es para mí la ley tan desigual,
que aunque inocencia siempre en mí conoce,
siempre yo pago el yerro ajeno y mío.
¿Qué culpa tengo yo del desvarío
de mi lengua, si estoy en tanto mal,
que el sufrimiento ya me desconoce?

SONETO XXXVIII

Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado;
que viéndome do estoy, y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo, viendo atrás lo que he dejado;
y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada paso espántanme en la vía,
ejemplos tristes de los que han caído.
sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.



Saludos.

Égloga I Garcilaso de la Vega





Egloga I


El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores, 5
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado 10
el ínclito gobierno del estado
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;

agora de cuidados enojosos 15
y de negocios libre, por ventura
andes a caza, el monte fatigando
en ardiente jinete, que apresura
el curso tras los ciervos temerosos,
que en vano su morir van dilatando; 20
espera, que en tornando
a ser restituido
al ocio ya perdido,
luego verás ejercitar mi pluma
por la infinita innumerable suma 25
de tus virtudes y famosas obras,
antes que me consuma,
faltando a ti, que a todo el mondo sobras.

En tanto que este tiempo que adivino
viene a sacarme de la deuda un día, 30
que se debe a tu fama y a tu gloria
(que es deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo digno de memoria),
el árbol de victoria, 35
que ciñe estrechamente
tu gloriosa frente,
dé lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra, y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores; 40
y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores.

Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes al altura
el sol, cuando Salicio, recostado 45
al pie de un alta haya en la verdura,
por donde un agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado,
él, con canto acordado
al rumor que sonaba, 50
del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía;
y así, como presente, 55
razonando con ella, le decía:

Salicio:

¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo; 60
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado, 65
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 70

El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre 75
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio,
y al usado ejercicio
do su natura o menester le inclina, 80
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mondo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada, 85
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar (¡desconocida!) al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente sólo a mí debiera? 90
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
(pues ves desde tu altura
esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo)
no recibe del cielo algún castigo? 95
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento 100
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto me engañaba! 105
¡Ay, cuán diferente era
y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo 110
la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
(reputándolo yo por desvarío)
vi mi mal entre sueños, desdichado! 115
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba, por pasar allí la sienta,
a beber en el Tajo mi ganado;
y después de llegado,
sin saber de cuál arte, 120
por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
del agua fugitiva. 125
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? 130
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra, 135
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 140

¿Qué no se esperará de aquí adelante,
por difícil que sea y por incierto?
O ¿qué discordia no será juntada?,
y juntamente ¿qué tendrá por cierto,
o qué de hoy más no temerá el amante, 145
siendo a todo materia por ti dada?
Cuando tú enajenada
de mi cuidado fuiste,
notable causa diste,
y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo, 150
que el más seguro tema con recelo
perder lo que estuviere poseyendo.
Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Materia diste al mundo de esperanza 155
de alcanzar lo imposible y no pensado,
y de hacer juntar lo diferente,
dando a quien diste el corazón malvado,
quitándolo de mí con tal mudanza
que siempre sonará de gente en gente. 160
La cordera paciente
con el lobo hambriento
hará su ayuntamiento,
y con las simples aves sin ruido
harán las bravas sierpes ya su nido; 165
que mayor diferencia comprendo
de ti al que has escogido.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Siempre de nueva leche en el verano
y en el invierno abundo; en mi majada 170
la manteca y el queso está sobrado;
de mi cantar, pues, yo te vi agradada
tanto que no pudiera el mantuano
Títiro ser de ti más alabado.
No soy, pues, bien mirado, 175
tan disforme ni feo;
que aún agora me veo
en esta agua que corre clara y pura,
y cierto no trocara mi figura
con ese que de mí se está riendo; 180
¡trocara mi ventura!
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
¿Cómo te faltó en mí el conocimiento? 185
Si no tuvieras condición terrible,
siempre fuera tenido de ti en precio,
y no viera de ti este apartamiento.
¿No sabes que sin cuento
buscan en el estío 190
mis ovejas el frío
de la sierra de Cuenca, y el gobierno
del abrigado Estremo en el invierno?
Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
me estoy en llanto eterno! 195
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan:
las aves que me escuchan, cuando cantan, 200
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan.
Las fieras, que reclinan
su cuerpo fatigado,
dejan el sosegado 205
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí te endureciste,
los ojos aún siquiera no volviendo
a lo que tú hiciste.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 210

Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste,
que bien podrás venir de mí segura;
yo dejaré el lugar do me dejaste;
ven, si por sólo esto te detienes; 215
ves aquí un prado lleno de verdura,
ves aquí una espesura,
ves aquí una agua clara,
en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo. 220
Quizá aquí hallarás (pues yo me alejo)
al que todo mi bien quitarme puede;
que pues el bien le dejo,
no es mucho que el lugar también le quede.

Aquí dio fin a su cantar Salicio, 225
y suspirando en el postrero acento,
soltó de llanto una profunda vena.
Queriendo el monte al grave sentimiento
de aquel dolor en algo ser propicio,
con la pesada voz retumba y suena. 230
La blanca Filomena,
casi como dolida
y a compasión movida,
dulcemente responde al son lloroso.
Lo que cantó tras esto Nemoroso 235
decidlo vos Piérides, que tanto
no puedo yo, ni oso,
que siento enflaquecer mi débil canto.

Nemoroso:

Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas, 240
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno 245
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría 250
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.

Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso, en el reposo
estuve ya contento y descansado. 255
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,
que despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada, 260
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que es más que el hierro fuerte, 265
pues no la ha quebrantado tu partida.

¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi ánima doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada, 270
llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos le ofrecían?
Los cabellos que vían
con gran desprecio al oro,
como a menor tesoro, 275
¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho?
¿Dó la columna que el dorado techo
con presunción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya se encierra,
por desventura mía, 280
en la fría, desierta y dura tierra.

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver con largo apartamiento 285
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto,
que a sempiterno llanto 290
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa. 295

Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena.
No hay bien que en mal no se convierta y mude:
la mala hierba al trigo ahoga, y nace 300
en lugar suyo la infelice avena;
la tierra, que de buena
gana nos producía
flores con que solía
quitar en sólo vellas mil enojos, 305
produce agora en cambio estos abrojos,
ya de rigor de espinas intratable;
yo hago con mis ojos
crecer, llorando, el fruto miserable.

Como al partir del sol la sombra crece, 310
y en cayendo su rayo se levanta
la negra escuridad que el mundo cubre,
de do viene el temor que nos espanta,
y la medrosa forma en que se ofrece
aquello que la noche nos encubre, 315
hasta que el sol descubre
su luz pura y hermosa:
tal es la tenebrosa
noche de tu partir, en que he quedado
de sombra y de temor atormentado, 320
hasta que muerte el tiempo determine
que a ver el deseado
sol de tu clara vista me encamine.

Cual suele el ruiseñor con triste canto
quejarse, entre las hojas escondido, 325
del duro labrador, que cautamente
le despojó su caro y dulce nido
de los tiernos hijuelos, entre tanto
que del amado ramo estaba ausente,
y aquel dolor que siente 330
con diferencia tanta
por la dulce garganta
despide, y a su canto el aire suena,
y la callada noche no refrena
su lamentable oficio y sus querellas, 335
trayendo de su pena
al cielo por testigo y las estrellas;

desta manera suelto yo la rienda
a mi dolor, y así me quejo en vano
de la dureza de la muerte airada. 340
Ella en mi corazón metió la mano,
y de allí me llevó mi dulce prenda,
que aquél era su nido y su morada.
¡Ay muerte arrebatada!
Por ti me estoy quejando 345
al cielo y enojando
con importuno llanto al mundo todo:
tan desigual dolor no sufre modo.
No me podrán quitar el dolorido
sentir, si ya del todo 350
primero no me quitan el sentido.

Una parte guardé de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se me apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño 355
enternecerme siento, que sobre ellos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que de allí se partan,
con sospiros calientes,
más que la llama ardientes, 360
los enjugo del llanto, y de consuno
casi los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato. 365

Mas luego a la memoria se me ofrece
aquella noche tenebrosa, escura,
que siempre aflige esta ánima mezquina
con la memoria de mi desventura
Verte presente agora me parece 370
en aquel duro trance de Lucina,
y aquella voz divina,
con cuyo son y acentos
a los airados vientos
pudieras amansar, que agora es muda. 375
Me parece que oigo que a la cruda,
inexorable diosa demandabas
en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?

¿Ibate tanto en perseguir las fieras? 380
¿Ibate tanto en un pastor dormido?
¿Cosa pudo bastar a tal crüeza,
que, conmovida a compasión, oído
a los votos y lágrimas no dieras,
por no ver hecha tierra tal belleza, 385
o no ver la tristeza
en que tu Nemoroso
queda, que su reposo
era seguir tu oficio, persiguiendo
las fieras por los monte, y ofreciendo 390
a tus sagradas aras los despojos?
¿Y tú, ingrata, riendo
dejas morir mi bien ante los ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides, 395
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
y en la tercera rueda, 400
contigo mano a mano,
busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos,
do descansar y siempre pueda verte 405
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

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Nunca pusieran fin al triste lloro
los pastores, ni fueran acabadas
las canciones que sólo el monte oía, 410
si mirando las nubes coloradas,
al tramontar del sol bordadas de oro,
no vieran que era ya pasado el día,
la sombra se veía
venir corriendo apriesa 415
ya por la falda espesa
del altísimo monte, y recordando
ambos como de sueño, y acabando
el fugitivo sol, de luz escaso,
su ganado llevando, 420
se fueran recogiendo paso a paso.




Saludos.